Ignacio Molina, autor de la más exhaustiva investigación del género trap en Chile, pone en perspectiva el último enfrentamiento con la ley de dos de sus más populares exponentes. Para él, lo sucedido responde a ciertos códigos estéticos del movimiento, dice que los videoclips en el trap son “una representación de la vida de barrio” y considera que existe una criminalización de este estilo. “Es posible plantear que existe cierta persecución policial a Young Cister”, comenta.

La reciente detención de los cantantes Pablo Chill-E y Young Cister, dos de los más populares representantes de la armada chilena del trap, durante la grabación de un videoclip de este último en un galpón en San Joaquín, no solo ha vuelto a enfrentar a dos exitosos músicos chilenos con las autoridades en medio de la pandemia.

De paso, lo ocurrido el domingo pasado pone otra vez sobre la mesa el historial de conflictos con la ley que acumulan algunos exponentes de la escena local de la música urbana y particularmente del trap. Un choque que parece haberse agudizado durante los últimos meses, producto de las actuales restricciones sanitarias y de desplazamiento que rigen en el país. De hecho, Chill-E (20) -cuyo nombre real es Pablo Acevedo- acumula cuatro detenciones por parte de carabineros por infringir el artículo 318 del Código Penal en los últimos nueve meses.

Por esta misma razón, el autor de Facts ayer fue formalizado y quedó con arraigo nacional y arresto domiciliario nocturno, como medidas cautelares a la espera de un próximo procedimiento. Young Cister (Esteban Cisterna, 22), en tanto, quedó apercibido y será próximamente citado a declarar. Ambos usaron sus redes sociales para criticar las detenciones que sufrieron el fin de semana, acusan hostigamiento policial y de la prensa y aseguran haber contado con los permisos y acatado las medidas correspondientes durante la filmación del clip.

Para Ignacio Molina, periodista y autor de Historia de trap en Chile, la primera investigación exhaustiva sobre el género musical de mayor crecimiento y popularidad en el país en los últimos años, lo sucedido responde a ciertos códigos estéticos del movimiento y reafirma lo que considera una criminalización de parte de la autoridad hacia los artistas de este estilo.

“Primero hay que entender que el trap es un movimiento que nace y surge en las poblaciones y que los videos de sus artistas suelen grabarse en poblaciones”, señala. “En el contexto en que estamos, de pandemia, una de las alternativas de los artistas ha sido grabar en galpones. Lo que hacen es llevar la misma idea estética de siempre a un sector cerrado. Y esta idea, este concepto, es grabar en piño: mientras más personas participen, mejor, lo que se puede apreciar en videos pre coronavirus como ‘Flyte’, de Pablo, grabado en La Pintana”, agrega.

Es un código estético, que viene del hip-hop y sobre todo del drill, el trap de pandillas que surgió en Chicago con exponentes como Chief Keef o Lil Durk”, complementa, a modo de contexto.

Para el autor del libro, que hace algunos días lanzó una segunda edición digital y aumentada (se puede adquirir en este link), las aglomeraciones, el encuentro cara a cara con sus fans y vecinos y la realización de videoclips masivos en zonas marginales son parte del ADN de los artistas adscritos a este movimiento. Prácticas que colisionan directamente con las actuales normativas sanitarias y de control de desplazamientos que rigen en el país, como las cuarentenas y el toque de queda.

“El video en el trap pasa a ser una representación de la vida de barrio, del ‘hermaneo’, de que si surge uno pueden surgir todos. Que existan cuarenta personas acompañando a dos cantantes en un video de trap chileno significa, bajo esta premisa, que hay cuarenta oportunidades más”, explica Molina.

¿Consideras que existe una criminalización o un sesgo de parte de las autoridades a este tipo de artistas o finalmente están sometidos a las mismas leyes como cualquier persona?

Si bien las reuniones los fines de semanas están prohibidas en Fase 2, no deja de llamar la atención que la preocupación de Carabineros sea desbaratar la locación de un videoclip, sobre todo a pocos días del caso del malabarista asesinado en Panguipulli. Por otro lado, es posible plantear que existe cierta persecución policial a Young Cister. Él es uno de los artistas que entrega mensajes sociales claros en sus letras y también en sus publicaciones en Instagram. El año pasado, sin ir más lejos, contó que Carabineros de la comuna de Quilicura lo golpeó y amenazó mientras estaba junto a un amigo, el cantante Kid Rol, en su auto. Contó que dos patrullas se pusieron al frente y después los policías bajaron y le pegaron combos y lo tiraron al suelo. Y no es el único caso de persecución que ha vivido.

Cister es un joven que no le ha hecho mal a nadie, que en canciones como Perdón madre (2017) ya cantaba que quería salir del barrio, en Quilicura, y vivir la vida como un cantante. Es un artista que fue fichado por Sony, que repletó el escenario del Movistar Arena en Lollapalooza el 2019, que siempre ha destacado entre sus pares. Que haya estado grabando un video, junto a otros cantantes y amigos, solo es parte de su trabajo. Y también de su constante necesidad de salir adelante, de ayudar a su familia, a sus cercanos. En su Instagram manifestó que para la grabación contaban con permisos legales, que estaba con medidas sanitarias, con mascarillas. No estaban carreteando. No era una fiesta clandestina. Pero al policía no le gusta ver surgir al joven del barrio.

¿Hay un trato distinto de las autoridades o del mismo público cuando estas situaciones son protagonizadas por artistas del trap a cuando son cantantes de pop, por ejemplo? Porque se han grabado otros videoclips en los últimos once meses en Chile.

Es posible plantear que existe un clasismo por parte de Carabineros hacia este movimiento. Anteriormente ocurría con el mundo del hip hop, que es de donde viene el trap originalmente. En la actualidad, por ejemplo, no hay un registro de la detención de la fiesta que hizo en un hotel Camila Gallardo. En cambio, en esta redada al video de Pablo y Young Cister hay cámaras grabando cuando van apareciendo cada uno de ellos y subiendo a las patrullas.

Algo similar ocurrió (con la cobertura) a lo que hizo Pablo una semana antes en Puente Alto (cuando reunió a decenas de jóvenes en las calles, sin mascarillas). Pablo le estaba haciendo un tributo a Kevin Martes 13, con el que grabó el tema Shishi gang, que hizo conocido a Pablo. Pero no era una fiesta clandestina. Cuando estos chicos hacen videos llegan muchas personas que viven en esas poblaciones, de curiosos, a mirar. Llegan mamás con guaguas, niños chicos, fanáticos también de esos artistas. Y los artistas hacen que todos ellos sean parte también de la grabación, porque lo que ellos cantan representa a todas estas personas que viven en barrios marginales y que están a la deriva de todo tipo de beneficios.

Los videos en ese sentido son casi improvisaciones, no hay un guión, no hay una historia que contar, son ellos cantando y mostrando el barrio, como una forma de mostrar orgullo por su origen. Cuando vino (el trapero español) Yung Beef el 2018, a grabar dos videos con Pablo Chill-E, era impresionante cómo había niños pequeños, de menos de 10 años, que estaban hasta tarde mirando el video, participando, abrazando a Pablo. El a través de Shishigang siempre ha estado incorporando nuevos talentos, nuevas promesas, jóvenes que vienen de esos mismos barrios.

Al grabar estos videos o protagonizar estos encuentros masivos, ¿no hay allí un llamado por parte de los artistas de trap a desafiar a las autoridades o las normas? ¿Puede ser eso también parte de los códigos del género?

No es que estos artistas quieran evadir al sistema, necesariamente. Es porque necesitan seguir haciendo lo que hacen y seguir creando nuevos contenidos, porque necesitan constantemente tener material nuevo, que es lo que el público está pidiendo siempre. Responde más bien a la demanda de la gente, no tanto a que el artista quiera hacer un carrete o sólo pasarlo bien con sus amigos.

Obviamente el virus existe y es súper importante regirse por las normas sanitarias. Han muerto casi 20 mil personas en Chile. No estoy diciendo que sea una prioridad hacer un video y evadir todo tipo de protecciones, aunque Pablo y Young Cister sí estaban con las medidas sanitarias. Pero pasa que en ciertos sectores todavía no hay un entendimiento real de lo que significa este virus, esta pandemia. Hay dudas porque las mismas instituciones están en tela de juicio hace mucho tiempo. Las autoridades, el periodismo, los políticos. Entonces hay muchos jóvenes que no saben realmente qué creer, que viven en constante duda y que se rigen mas que nada por sus propias leyes, sus instintos, sus formas de vida.

Por otro lado hay que entender que ellos tienen otro acceso cultural, la información llega por otros canales, no están viendo al ministro Enrique Paris dar el informe del Covid todas las mañanas. Hay un contexto socio cultural que tiene que ver con cómo estos artistas que viven en zonas marginadas enfrentan esta situación de pandemia.